a qué lugar debía llegar
si es que debía desplazarme
o sólo contemplar los hechos desde mi asiento.
Sentado observé tristeza,
contemplé amor,
sentí dolor.
Es fácil notar lo ajeno,
no así lo anterior.
Y ahora me pregunto,
¿debó pararme y caminar?
Concluyo que sí
porque la vida no es un libro que leer,
es una historia que escribir
aunque no sepamos el final de ella.